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Bersuit: "Queremos un perfil más bajo"

"No nos dividimos, nos multiplicamos". La frase de Edelmiro Molinari (1970), explicando la desintegración de Almendra para dar paso a Pescado Rabioso, Color Humano y Aquelarre, podría aplicarse al modelo 2009 de Bersuit Vergarabat. La banda no se separa, está claro, pero sufre un proceso de atomización, donde al menos 4 de sus 8 integrantes va a tener un disco solista en la calle.

El primer solitario fue Juan Subirá, que a fines del año pasado editó Fisura expuesta y salió a defenderlo con grupo propio. La semana que viene le sigue Gustavo Cordera, con Cordera suelto y que ya tiene su respectivo corte de difusión dando vueltas (Me la juego a morir). Y los próximos serán los guitarristas Osky Righi y Tito Verenzuela. "Este año va a ser más relajado, la idea es tocar poco con Bersuit y que cada uno se pueda abocar más a sus proyectos. No estamos pensando en un estadio, ni en salir del país. Queremos un bajo perfil para la banda", apunta Subirá. Por eso cambiaron de sello (de Universal a Sony BMG) y volvieron al Luna Park. El de mañana será el número 25 de su carrera. "Queremos hacer uno por mes, vamos a ver cómo marcha todo".

-¿Cómo pensás que toma el fan tantos discos por separado? -Es una incógnita. Debe haber gente preocupada pensando que la banda se desintegra, o pierde fuerza. Para nosotros son como válvulas de escape, cosas que te van quedando guardadas, porque Bersuit no puede absorber todo.

Cordera viene anunciando algo parecido en los medios. Habla de una liberación personal de cada miembro y una refundación del grupo, a dos décadas de su nacimiento. Valentín Lembeye, dueño de bersuiteros.com, habla del funcionamiento interno: "Antes escribían sólo Juan, Pepe (Céspedes) y el Pelado, después se soltaron los demás. No son los mismos que hace 20 años, pero el truco está en la adaptación". Bersuit firmó contrato por tres álbumes, el próximo puede que en vivo. Sobre el adiós de Los Piojos, Subirá comenta: "Es una lástima que se separen porque son una banda grossa. Me gustan mucho y compartimos público con ellos, pero cada grupo vive su proceso. Razones para estar juntos hay montones, y para separarse, también. Es como un matrimonio".

-¿Se viene un recambio?
-Recambio tiene que haber siempre, es probable que alguna banda suba.Si no sucede, algo malo está pasando.


fuente : si.clarin.com


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Bersuit Vergarabat en el luna park


Ante un Luna Park a tope, la banda dio un buen show. Se lució cuando liberó su espíritu más intimista.


Con una imagen gigante del satélite natural de la Tierra a sus espaldas, Bersuit Vergarabat inauguró su Luna llena en el Luna con una intro de raigambre acústica seguida por una versión ídem de Madre hay una sola. Y, acto seguido, llegó el turno de la que podría considerarse la excusa con la que vendieron el show de un jueves non sancto: Luna hermosa, de su último disco de estudio. Sentados formando una especie de medialuna sobre el escenario, con un espíritu de fogón y guitarras criollas en mano, la banda se entregó a una búsqueda de la intensidad en la emoción. O, en los términos de su página web: "Saltando al vacío de un mundo sensible".

Así fueron las cosas en el primer tercio de un recital que duró su buena hora y media. "¡De la cabeza con Bersuit Vergarabat!", gritaba el público. Y en algunos momentos sus coros enchufadísimos llegaban a tapar las voces y los instrumentos semi-enchufados. Pero la banda siguió adelante con su plan inicial: una zapada de corte intimista que podía escucharse como un viaje hacia el corazón de sus propias canciones, en el que bajaron las pulsaciones en busca de sutilezas y pequeños detalles. Claro que, tratándose de quienes se trata, lo anterior se asemejaba a la postal de unos viejos lobos de mar aullándole a la luna para espantar sus fantasmas y exorcizar sus demonios: la angustia de La soledad, el miedo al inexorable final de No seas parca y la resaca de una relación adictiva en Perro amor explota.

"Buenas noches. ¡Triste y feliz luna llena!", saludó Gustavo Cordera. Y poco más tarde, mientras los asistentes sacaban las sillas y tiraban los cables, los parlantes reprodujeron los truenos de una tormenta nocturna que sonaron como un anticipo de lo que estaba por venir: una descarga de pura electricidad bersuitera. De movida fue más electrónica que rockera, con las líneas de bajo matadoras de Pepe Céspedes, la batería de Carlos Martín y los riffs de Oscar Righi empujando al grupo hasta el borde de la pista de baile en Laten bolas. Luego se sumaría el teclado a lo Depeche Mode de Juan Subirá, en El guerrero.

De pie y en piyamas, Bersuit Vergarabat se desperezó y despertó el pogo en el campo. Con una sucesión de pinturas de aves neo-rupestres que se proyectaban como telón de fondo, lo que tuvo lugar entonces no fue nada novedoso: la orquesta tropi-rockera desató la acostumbrada pachanga colectiva con el enganchadito de temas como El baile de la gambeta, C.S.M. y El viejo de arriba, además de Tuyú, Yo tomo y La argentinidad al palo. El guitarrista Tito Verenzuela tomó el micrófono para cantar Ades tiempo y el corista Daniel Suárez hizo lo propio en Esperando el impacto.

Recién a la hora de los bises, con Un pacto volvió a instalarse el clima del inicio. Entonces parecieron cerrar un círculo. Y, de algún modo, también dejaron en claro que, aunque se los reconozca por el bardo y los excesos a los que le rinden culto, Bersuit no descubrió su veta sensible una noche reciente de luna llena.

fuente : clarin.com










 
   
 
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